No voy a hablar sobre la navidad. No voy a hablar sobre la decoración navidña que ya aparece en Octubre, no hablaré del consumismo, no hablaré de los folletos de las tiendas de juguetes que incluyen un cuadradito que pone “Me lo pido!” que hace que los niños llenen el folleto con crucecitas. Tampoco hablaré de las luces navideñas, que año tras año son las mismas y que colocan meses antes haciendo que se llenen de polvo y haya peligro de rotura. Tampoco hablaré de esos otros adornos que quedan colocados de una año para otro, de los ahora comunes muñecos de Papa Noel subiendo por una ventana, y de los árboles que se colocan con ilusión por toda la familia, y a mediados de enero nadie quiere quitar, pues tras recogerlo alguien tendrá que bajarlo al trastero.

No quiero caer en eso, por eso no voy a hablar de la navidad.

Voy a hablar sobre las gorras.

Esas que se pone la gente en la cabeza, con su viserita y sus cosas.

Hace un tiempo, estaban de moda las gorras con la visera doblada, por los lados, formando una U inversa, sabeis a las que me refiero? las que lleva Hamilton cuando gana una carrera, bueno, si, esas.

Despues llegó el imperialismo Gangster, la moda neoyorkina, y los chicos se compraron gorras con la visera plana, y con adornos dorados y plateados, con el símbolo del dólar, con NY o con billetitos flotando… Esas gorras tenían su punto final porque nadie le quitaba las etiquetas, la típica pegatina dorada que ponía:

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Pero ahora he empezado a ver por la calle unas que tienen la misma pinta que las planas, pero con la punta levantada hacia arriba… Lo cual me parece muy poco práctico, porque, si llueve, eso formará charquito y empezará a pesar más y más…

Pero bueno, yo afrontaré esto patentando una gorra con una visera como estas últimas, pero con un agujero exactamente en medio, para drenar…