Aunque el título pueda parecer resultado de una discusión acalorada con el teclado del ordenador, en realidad es el nombre que una pareja sueca trató de poner a su hijo en 1996. Esta pareja, a modo de queja sobre las nuevas leyes sobre nombres (Los nombres de pila no serán aprobados si se consideran ofensivos o incómodos para el que lo usa, o nombres que por razones obvias no fueran aptos como nombres de pila), decidió no poner nombre a su hijo, hasta que les multaron por ello, entonces, lo registraron como Brfxxccxxmnpcccclllmmnprxvclmnckssqlbb11116.
Este nombre, afirmaban, era en realidad fruto de una experiencia sensorial que sufrieron durante el embarazo: “Un desarrollo expresionista que visionamos como una creación artística” basada en la patafísica.
Tras rechazarse Brfxxccxxmnpcccclllmmnprxvclmnckssqlbb11116 como nombre para el niño, los padres dijeron que le llamarían “A“[pronunciado Albin], nombre que también se rechazó por ser demasiado corto.
Finalmente, en el primer pasaporte del niño se escribió: Icke namngivet gossebarn, que significa “Niñito sin nombre”

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