¿Quién de la sala puede decir que no tiene miedo a nada? El otro día, viendo un concierto, me comentaron que The Fingers tenía una canción llamada “Afraid of death” dedicada al enorme miedo que tenía el cantante (u otro del grupo, creo que los detalles se quedaron en la segunda jarra de cerveza) a la muerte.
Yo acepto que tengo miedo a bastantes cosas, aunque la muerte no sea una de ellas, a mi me da miedo la oscuridad, estar completamente sólo, y las historias de seres condenados a vagar eternamente. Que sí, en serio. Los cuentos o leyendas que acaban con alguien que se tiene que pasar siglos después por el mundo adelante me dan un mal rollo importante. Os voy a dejar un par de ejemplos, y vosotros direis si es que soy un bicho raro, o si realmente esta gente os da cosica…

La Pata de Palo

la pata de palo espronceda

 

Menudo cabrón José de Espronceda [Casi me alegro de que se llamase José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda y Delgado] que me hizo sufrir de pequeño con este relato, y es que, por raro que parezca, es de esas historias que cuentan los cuentacuentos, junto con la de “El traje nuevo del Emperador” que también tiene pecado. En “La Pata de Palo”, Espronceda cuenta la historia de un comerciante y un artesano de la madera muy conocidos ambos, uno por la pasta que manejaba, y el otro por las patas de madera “rexulonas” que hacía. Un día, el comerciante pierde una pierna (debía ser una cosa muy común en aquellos días, si el carpintero podía vivir de ello) y acude al otro hombre para que le haga una pierna impresionante. A los tres días el artesano se la entrega, y el comerciante, nada más ponérsela, sale disparado con aquella pierna enloquecida que le hace seguir caminando para siempre.

 

 

El Holandés Errante

 

Sobre el Holandés Errante he encontrado dos versiones de la leyenda, todas acaban igual, con el capitán del barco recorriendo el mar eternamente, pero es interesante leerlas:

  1. La más conocida habla de Vanderdecken, un capitán Holandés que se vió envuelto en una tormenta al rodear el cabo de Buena Esperanza, los tripulantes, amedrentados, pidieron a Vanderdecken que detuviese la nave en un puerto o que, al menos, arriase las velas para evitar el temporal, pero éste se negó, y atándose al timón siguió el camino, la tripulación trató de hacerse con el control de la nave, pero Vanderdecken lanzó al lider por la borda mientras el resto de la tripulación rezaba a Dios. Como respuesta a las plegarias las nubes se abrieron y una imagen apareció en la proa del barco, unos dijeron que era el Espíritu Santo. Éste se acercó a Vanderdecken y le dijo que por no haber detenido el barco para proteger a la tripulación, vagaría eternamente en medio de una tormenta. Su único alimento sería hierro al rojo vivo, su única bebida la hiel (Bilis, para los no entendidos), y su única compañía el grumete, a quien le crecerían cuernos en la cabeza, tendría las fauces de un tigre y la piel de una lija. Realmente el grumete salió bastante mal parado, teniendo en cuenta que debía estar tan acojonado del capitán como el resto.
  2. La otra versión habla de Fokke, capitán del Libera Nos, famoso por la velocidad a la que realizaba sus travesías. Hasta tal punto distaba del resto de navíos, que los marineros decían que había hecho un pacto con el diablo para conseguirlo. La extrema fealdad del pobre Fokke tampoco servía para acallar los rumores. Un día salió a una travesía de la que jamás regresó. Los marineros dijeron que el diablo había acudido a él para cobrarle el favor.

El judío errante

Buscando información sobre el holandés, llegué a la historia del judío errante, al cual no conocia, y maldigo el momento en que me puse a leerlo.

La leyenda cuenta que un judío negó agua a Jesús cuando éste arrastraba la cruz hacia el monte Gólgota, al hacerlo, Jesús le condenó (Si, si, le condenó, con lo buen tipo que parecía) a errar por la tierra hasta su regreso.