Divagando ando X

Buenos días a las 3 de la mañana. Os hablo desde mi semana de vacaciones, es otro rollo, otra movida. Porque esta es la primera vez que tengo una semana de vacaciones, y no tres meses. Resulta extraño, lo sé y qué? Cuando el sol baje más, mira bien y verás una luz que te hechizará. Perdón, me he ido a Aladdin sin querer, no sé si llamarle Al o quizás prefiere Din, o Rintintín? Qué vida más loca.
Bueno, pido turno de palabra.
Tiene la palabra el Ilustrísimo y Excelentísimo Señor Don Graduado en una carrera sin demasiado futuro, Quincho. Porque mi carrera (Publicidad y Relaciones Públicas) no es que sea la polla, como bien dice el refrán que cada uno adapta a su gusto: “En publicidad, y medicina, todo el mundo opina”.
Bueno, eso, que tengo la palabra. ¿Qué carajo es lo que odias esta vez, que estás aquí con preámbulos inútiles? Os preguntaréis. Pues ahí vamos.
Odio a la gente que tira basura al suelo, sea la que sea. Los fumadores creen que tirando las colillas al suelo son más chulos, en plan “yo fumo, el mundo es mío, y por mis cojones que aquí os dejo la colilla”, ¿qué os creéis? No estamos aquí para recoger vuestra mierda, o que para que el motivo de que no vayamos descalzos por la calle en plan hippies come flores sea que pueda pegársenos una de vuestras colillas a los pies. Es un trozo de algodón, que si apagas bien, te puedes meter en el bolsillo, y lo tiras más adelante. “Pero es que eso es un coñazo, yo paso”, pues si tan comprometido estás con lo que es un coñazo y lo que no, no fumes, que el coñazo es que tengas que salir a fumar fuera, que te gastes 4 euros en una cajetilla, o que ‘chines’ todo lugar por el que pasas. Un coñazo eres tú, fumador, y no el tirar las colillas a una papelera.
Odio a la gente que se hace el mártir, como si los demás debiésemos rendir pleitesía a sus actos a la primera, darle la razón cual esclavo encargado de dar uvas por una al César, y tengamos que aguantar sus ñoñeces cuando algo no está a su gusto. Si no está a tu gusto, te jodes y buscas la forma de arreglarlo siendo productivo. No vale poner a llorar, enfurruñarse o irse a otro lugar, a la vida hay que echarle cojones, y si tienes los ídem para enfadarte, tenlos para intentar arreglar las cosas. Mi (proyecto de) suegro dice aquello de ‘como decía el otro’, y lo voy a aprovechar ahora. Pues como decía el otro, no me toques los cojones y afronta tus problemas.
Odio a los resabidillos, a los que te dan lecciones de vida, y a los que juzgan tus actos. No soporto a quien tiene el valor de decir como deberías afrontar las situaciones de tu día a día. ¿Tú de que hablas? ¿Quién eres para empezar? Y enlazando con esto, odio a los que se creen líderes de masas, a los que van por las fiestas creyendo que todo el mundo les debe conocer, y si alguno parece dudar, o simplemente pasa de él, se le presenta. Yo no quiero que te presentes, yo no quiero conocerte. Yo no quiero ser uno de tus 1500 amigos de Facebook a los que mandas sistemáticamente la invitación al concierto de unos colegas tuyos, para poder decir que es que el concierto fue un éxito porque tú moviste el evento. Tú lo que no tienes es un perfil propio, no sabes quién eres y lo ocultas tras un halo de ego que intentas mover. No te conozco, no me conoces, no necesito formar parte de tu ejército.
Odio a los tios que te miran por la calle y parecen buscar pelea, odio que me toquen por la calle, y odio que me toquen en privado (bueno, vamos a ver…). No me gusta que me den besos si no hay motivo para ello, yo acepto que me presentes a tu amiga y me de la mano, y al carajo. Sé que forma parte de nuestra cultura, pero realmente no necesito pegar mi mejilla a la de esta perfecta desconocida sólo para que quede sellado que realmente nos conocemos ¡Si no me voy a acordar ni de su nombre en 20 minutos! Démonos la mano, pues, que quedará todo mucho más seco, y será menos forzado cuando nos presenten la semana que viene por segunda vez. Al menos no habré tenido contacto más allá de una mano contigo. Seré casto y puro.
Hasta la sepultur(o)