Update 0.235 a

caida

Hoy he salido a correr de nuevo, tres veces en menos de 2 años, (not bat Quincho), pero mi historia es de ayer, cuando también salí, estoy a tope, mis gemelos se venderán en breve en la zona de carnicería para tomar a la brasa, o crudos, en plan carpaccio. Las mujeres preguntarán ansiosas el precio de mis piernas, pero yo las habré vendido ya el primer día por dos duros, si no las cambié por un Kinder Bueno o similar antes.

Bueno, iba yo corriendo por Vigo [*Se escucha un ‘buu’ general del público, incluso del sector del público que confesó venir de la propia ciudad*] cuando me fijé que “a mi lado” estaba zarpando un barco enorme, un barco de esos que tienen su propia página en la Wikipedia o una web específica al menos. Era tremendo, iba a media carga solamente y aun así resultaba intimidante al lado del a su lado minúsculo catamarán que hace la ruta Vigo-Cangas. ‘Enmimismado’ me encontraba yo mirando hacia el barco cuando un ruido metálico me hizo girar la cabeza y vi como uno de los muchos chavales que están en esa zona haciendo “skate” (en monopatín, vamos) veía como su intento de doble backflip con triple tirabuzón y fresco aroma a limón acababa llevándole a oler el suelo de la acera dándose tremendo castañazo.

Y aquí mi duda, que te traslado ¡Oh amado lector!: ¿Es esta una sociedad donde importa más como un joven se deja los dientes en el suelo que un enorme barco?

En mi humilde opinión:

Si.